Carta a los Hijos del Mundo

Hijo mio.
Estos conceptos te han de servir
hasta que puedas gritarle al mundo
Que Eres Un Hombre Libre.

En las lejanas tierras de tu pasado
creció una flor
que jamás fue cultivada por manos humanas
dejó el testimonio de Su Presencia
para que a lo largo de la Existencia,
fuera Tu Guía,
tu inseparable compañía
y el Testigo Inmortal de tus andanzas humanas.

Nada te pidió y nada te pedirá
pero algún día,
si logras servirle,
Ella se reconocerá
y Tú Te Sabrás Inmortal.

Busca el camino
donde la noción del Yo
se extinga,
anhela todo aquello
que no puedas poseer
pero que sabes
que te ha de pertenecer
Eternamente.

No dependas,
creyéndote separado
de lo dependido.
Únete definitivamente
y declara
tu propia independencia.

La Originalidad
es el rasgo que el Creador
ha puesto en el hombre
y significa
su Imagen y Semejanza.
Reconócela y recórrela
como tu más exaltada realidad.
Vívela
en el secreto lugar del corazón
donde Tú eres Él
y Él es Tú Mismo.

Obedece a la Vida
y ésta te servirá.
Ella custodia
el significado de tu Existencia
y permanecerá en Ti
hasta que Tú tengas noción
de la Vida Eterna.

No creas conocerte
ni aún conociéndote.
Eres el Uno
pero jamás sabrás
de Él
mientras seas
solamente un hombre.

Contempla
la llama que te precedió
cuando nada sabías.

Busca
en cada corazón humano
tu propio pasado
y redímelo.

No juzgues,
pues los juicios
están a merced de los vientos
y éstos,
finalmente,
originan tempestades.

Mantén tu calma
y vive
en el Templo de Tu Interior,
no aislándote,
sino obsequiándole al mundo
el regalo
de Tu Presencia.

Vive entre los hombres
pero cuídate de sus criterios.
Éstos nada saben
de la razón que los trajo a la Vida
ni lo que será de ellos
cuando la abandonen.

Busca
la compañía de tu soledad
y en ella
encontrarás el mundo
y todo cuanto merece vivirse.

Mantén en tu corazón
la llama de la bondad,
como una condición
de Tu Existir.

Aprende a volar
en alas de Tu Genio
y el Cielo
te será posible.

Comprende
que la Vida
es el envolvente misterio
del Creador.
Que la Unidad
es el incesante fenómeno
de la Renovación.
Y que en la humildad,
te consagras
a Ti Mismo.

Contempla lo esencial
pero guíate
por la respuesta de lo visible.
Fórjate
en la caverna de tu corazón
y proclámate Divino.

Sé piadoso
antes que justo,
pues la benevolencia
es el rasgo que caracteriza
a los ebrios de Dios.

Resuelve ser
para Ti Mismo
el impensado goce
de Existir.

Sé un obediente de la Ley
y transita
por el filo de la Profecía.

Recuerda que la Compasión
es la aliada de la Sabiduría
y posee la fina delicadeza
de permanecer ignorada.

Acepta que el mundo
no estará de acuerdo contigo
si has resuelto ser
Tú Mismo.

Hijo mío…
La Tierra me recibió mil veces
y cada vez que la visité
amé lo que viví,
aprendí de lo que encontré,
y tuve nostalgia de lo que dejé.

Así gané amistades
que aún conservo,
mantengo recuerdos
que jamás olvido
y si hay algo
que suponía haber perdido
tengo la absoluta certeza
De Que Espera Por Mí.

En las Bodas Internas
que tu Alma
algun día celebrará
no te olvides
de ese gran invitado
que es el Mundo.

Crece sin tener noción
de tu crecimiento
y la brisa predicará tu mensaje,
la naturaleza hará resonar tu voz
y lo Eterno te dará
el indescriptible goce
de saber quién eres.

Camina por el mundo
y haz de la vida
el reflejo de la Verdad
y así Ella,
que todo lo puede,
se establecerá en tu corazón,
desplazará a su antiguo dueño
y éste será
el más eficiente de los servidores.

Sabrás de la Existencia
a través de Él
y Él vivirá gracias a Ti.

Serás fuente infinita de misericordia
y tendrás el poder
que la Divinidad te concede
para ser un mediador
en el mundo de los hombres.
Utilízalo
siendo manso y providencial
como la mano de Dios.

Y finalmente,
hijo mio,
comprende que…

El Amor concede sentido a la vida
y razón a nuestra presencia en este mundo.
El Amor es el fin del sufrimiento
y el comienzo de la libertad.
El compás de espera entre dos vidas
y el deseo mismo de vivir.

Es el afán que todo lo puede,
la mirada que todo lo penetra,
la Gracia que todo lo concede.

Por el Amor el mendigo se hace rey,
el huérfano conquista el mundo,
el moribundo alcanza
la Vida Eterna.

No son las acciones
las que atraen la mirada de Dios,
no es la agudeza del intelecto
la que nos hace predilectos.

Tan sólo el Amor.

Las palabras humanas
difícilmente le hagan justicia,
no hay labios que puedan pronunciarlo,
ni manos que puedan concederlo.

Solamente el silencio del Corazón
cual un mudo testigo
entre Dios y el Ser.

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