Constelaciones Familiares

Cuando uno penetra en este nuevo mundo de las constelaciones familiares, es verdad que algo en lo profundo no nos resulta ajeno, como le ha pasado a la mayoría de las personas que conozco que han tenido contacto con ellas. También es cierto que hay infinidad de particularidades que nos resultan inexplicables. Así como la ley de gravedad, si no sabemos como opera, puede resultar inexplicable pero de lo que nunca dudaremos es de que funciona, como con tantas leyes de la física. Igual con las constelaciones, podemos no saber como funcionan, pero funcionan y hacen bien, más de 35 años de práctica lo corroboran.

Nunca ha sido fácil explicar nuevas maneras de mirar, sobre todo, porque hay que entrenar el ojo para ver de otra manera y en este caso es casi un entrenamiento de cada célula de nuestro cuerpo. Es poder hacerla parte de uno mismo para poder vivir con más armonía y hacer la vida más liviana.

Esta mirada se basa en el reconocimiento de estar entrelazados como familia con lazos tan invisibles como fuertes y con tanta irracionalidad como amor, y sucede que los pendientes de una generación pasan a las siguiente y así sucesivamente porque el sistema familiar necesita equilibrar lo no hecho o no resuelto aún al costo de que otros lo carguen sin corresponderle y al mismo tiempo rechaza esta manera de equilibrio y genera lo que nosotros desde las constelaciones llamamos implicancias sistémicas donde un posgénito lleva una realidad difícil, a veces trágica, siempre inadecuada y muchas veces llena de dolor por otro que alguna vez no pudo hacerse cargo. Sin importar que hayan conocido a aquellos ancestros de los que llevan su peso. Y así los enredos, una y otra vez, llenan de tanta tristeza la vida familiar. Y todo esto sucede porque el orden se rompió en algún eslabón y el amor no pudo fluir hacia la vida.

Estar en el mundo con esta carga pesada nos provoca una vida a medias, lejos de la plenitud y lejos de la verdadera capacidad de amar.

Lo primero a que invita esta mirada es a encontrar una nueva comprensión en los vínculos familiares, padres, parea, hijos, y en todos los demás vínculos, escuela, trabajo, empresa, comunidad, ciudad, país, el mundo. La gran familia humana en todas sus expresiones y manifestaciones.

Es una invitación, de las mejores que he conocido, a aprender a reconciliarnos con todo lo que nos rodea. A poner una mirada de benevolencia en los espacios donde se encuentra el odio y el rencor. A restablecer un orden para que el amor pueda fluir. Esta es la gran enseñanza de Hellinger. Reconocer que el amor sin orden no puede florecer, ni crear vida, ni mantenerla. El nos dice que el orden precede al amor. y lo podemos observar en todo. Si podemos mirar la naturaleza, como los planetas giran alrededor de sus órbitas, y ese orden permite la vida en el universo. Y como nuestro planeta mantiene la vida en él, respetando sus ciclos del sol, la luna, las estaciones. En nuestro propio cuerpo, como cada célula mantiene un lugar y eso permite que cada órgano mantenga su forma, su espacio, su funcionamiento y que si se desordena, ya sabemos lo que pasa cuando esto sucede, provocan miles de enfermedades de las leves hasta las más graves.

De alguna manera esto es lo que resuena en nuestro interior cuando empezamos a transitar esta mirada de las constelaciones familiares y de la teoría que la avala, por pura casuística, ¨Los Órdenes del Amor¨ así lo llamó Bert Hellinger a este enunciado de leyes o normas que nos rigen invisiblemente y nos llevan a funcionar como lo hacemos.

Las constelaciones familiares son una invitación a recorrer esta mirada, que tanto bien le hace al alma y a la familia humana.

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